Los significados judiciales del castigo

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Opinión | Por Ezequiel Kostenwein* |

 

Al ingresar al ámbito judicial, es difícil advertir debates acerca de si a quien se castiga es al prójimo o al enemigo. Así las cosas, en los tribunales al castigo se lo llama pena, y de manera ideal, el derecho de penar debería servir como límite al ejercicio inapropiado del castigo. Es aquí donde cobra relevancia lo que se conoce como las teorías de la pena, las cuales agrupan una serie de justificaciones acerca de por qué sería válido ocasionar dolor deliberadamente por parte del Estado.

Según los mismos actores judiciales, una de las posturas que genera más adhesión es la de las teorías mixtas o de la unión, las cuales justifican la pena procurando armonizar los propósitos que refieren las distintas teorías vigentes. O, dicho con otras palabras, para las teorías mixtas la pena será legítima en la medida que sea a la vez justa y útil.

Otra de las posturas de los operadores jurídicos parte de una mirada negativa o agnóstica en torno a la pena: dado que, según esta postura, no se está en condiciones de conocer verdaderamente para qué sirve el castigo del Estado, lo que hay que ofrecer es una mirada cautelosa y escéptica acerca del tema.

Por último, están quienes se consideran ajenos a una postura específica sobre la pena. Ya sea porque no tenga efectos concretos, ya sea porque no existan fundamentos válidos, ya sea porque no logran justificar acabadamente su aplicación, hay un tercer grupo de operadores jurídicos que aseveran no contar con un repertorio de argumentos que los coloque en algún enfoque tradicional sobre el castigo.

A todo esto, una de las cuestiones más significativas que surge de los testimonios de los actores judiciales es que el ideal rehabilitador tiene escasa preponderancia en sus representaciones. Esto quiere decir que son pocos los integrantes de la justicia penal que creen que el castigo legal sirva para mejorar -esto dicho en términos generales- a quienes son encarcelados. Si bien no podemos calificar de llamativa esta situación, dado que el enfoque correccional hace tiempo que está en declive, resulta importante porque, entre otras cosas, evidencia la intrincada relación que surge entre la justificación de la pena y la legislación sobre la ejecución de la pena, la cual, aún hoy, se sigue apoyando en un proyecto normalizador asociado al ideal rehabilitador.

En definitiva, ¿cuál es la relevancia de conocer lo que piensan los actores judiciales sobre las teorías de la pena? Porque permite analizar con más herramientas las decisiones que toman: tanto las convicciones sobre las justificaciones de la pena como las expectativas sobre las causas concretas por las que se castiga en la sociedad pueden incidir en los parámetros a partir de los cuales los actores judiciales terminan resolviendo causas penales específicas. En definitiva, todo esto nos ayuda a pensar más claramente cómo es que opera la traducción de las mencionadas razones teóricas y sociales sobre el castigo a sus significados judiciales.

 

*El entrevistado es abogado (UNLP), magister en Criminología (UNL) y Doctor en Cs. Sociales (UNLP). Actualmente se desempeña como investigador asistente del CONICET y docente de Sociología Jurídica en la UNLP. También dicta clases en la maestría de Criminología de la UNL.

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