Joe Biden define su compañera de fórmula en medio de la pandemia

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Opinión | Por Joaquín Nuñez* |

El hecho de que la Convención Nacional Demócrata se haya reprogramado para el 17 de agosto puede que parezca un dato intrascendente para muchas personas; sin embargo, no es así para Joe Biden. Esta fecha le impone un plazo, un cronómetro que cada vez parece bajar más rápido y que marca el tiempo para que el ex vicepresidente escoja un compañero de fórmula para las elecciones del 3 de noviembre. Escoger un compañero de fórmula puede ser una de las decisiones más importantes de una campaña presidencial. Puede allanar el camino hacia Pennsylvania al 1600 o llenar ese camino con adoquines.

En la política norteamericana hay algunas cuestiones que son fundamentales para cualquier candidato a la hora de elegir un compañero: el Estado al que pertenece esta persona, cuál es el tipo de votante que atrae, su popularidad y, la más importante, el equilibrio que le pueda aportar a la boleta (en términos de edad, de color de piel, de religión, de experiencia y de ideología).

Este equilibrio muchas veces da resultado, como cuando el presidente Barack Obama eligió al propio Biden para acompañarlo, o cuando John Kennedy escogió a su más duro rival en las primarias, Lyndon Johnson. Lamentablemente en otras ocasiones ese equilibrio no da tan buen resultado. Podemos tomar un par de casos medianamente recientes como los de John McCain eligiendo a Sara Palin, o el hoy senador Mitt Romney con Paul Ryan.

Tomemos el caso de Obama con Biden. Este es uno de los ejemplos de equilibrio perfecto: la envidia de los fabricantes de balanzas. Por un lado, Barack Obama, un senador junior de 46 años, relativamente joven para buscar el “liderazgo del mundo libre”, popular entre los jóvenes progresistas, latinos y votantes de color. Por otro lado, Joe Biden, quien ha pasado más años de su vida en el Senado que fuera de él, 65 años de pura experiencia y algunos roces de más, visto como un moderado que puede atraer los votos de personas blancas mayores, votantes independientes y algún que otro republicano del ala más centrista. Evidentemente mal no les fue. Obtuvieron diez millones de votos más que su homólogo republicano y un categórico triunfo en el colegio electoral: 365 a 173, lo que equivale a un 4-1 futbolísticamente hablando.

Biden empezó bien en la búsqueda de ese equilibrio, ya que en el debate que sostuvo en marzo con el senador Bernie Sanders anunció que su compañero de fórmula sería una compañera de fórmula. “Si obtengo la nominación me comprometo a escoger a una mujer como vicepresidenta”, expresó sin dar más detalles. Entonces, ¿quiénes son las candidatas?

Amy Klobuchar

Actual senadora por el estado de Minnesota, Klobuchar tiene fama de ser una jefa muy exigente. Durante años ha tenido una de las tasas más altas de rotación de personal en el Senado. Buscó la nominación demócrata para la Presidencia este año pero los resultados no fueron los esperados y decidió terminar su campaña el 2 de marzo, un día antes del supermartes, para dar su apoyo a Biden. Se expresa a favor del aborto pero con algunas restricciones y plantea expandir el Medicare y construir sobre el Obamacare.

Según la encuestadora Morning Consult, es la séptima senadora con mayor índice de aprobación del país, con un 56% de imagen positiva contra un 31% de negativa. Se mostró fuerte en los debates demócratas y es vista como una política moderada que atrae votantes de diversos sectores. Incluso de algunos republicanos moderados, principalmente electores blancos rurales y sin educación universitaria, votos que últimamente se les hacen cuesta arriba a los demócratas. Es bueno echar un vistazo a la encuesta de CNN de 2018 en Minnesota y ver cómo se desempeñó en estos grupos. Klobuchar se hizo con el 52% de los votos de los hombres blancos y el 56% de los votantes sin educación universitaria. No le fue tan bien entre hombres blancos no universitarios, pero aun así consiguió un 45% de los votos.

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Amy Klobuchar en el lanzamiento de su campaña presidencial en Minnesota. Fuente: Star Tribune

De más está decir que es muy popular en su estado (en las últimas elecciones aventajó por 24 puntos a su oponente republicano). Cabe destacar también que Minnesota tiene una cantidad considerable de electores (10), se encuentra pegado a Wisconsin (10) y está muy cerca de Michigan (16). Dos estados que se consideran “puntos de inflexión” y que estaban dentro del “muro demócrata” que fue dinamitado cuatro años atrás por el presidente Trump.

Tiene una ventaja regional muy fuerte donde más la necesita su partido, en el medio oeste. Esto resulta importante ya que desde que las elecciones son bipartidistas (1892), en el 87% de los casos la fórmula ganadora también se lleva el estado del candidato a la Vicepresidencia. “Si observamos 2016, las mismas tendencias que ocurrían en Wisconsin y Michigan ocurrían en Minnesota”, explicó Jeff Blodgett, un antiguo agente demócrata de Minnesota que se desempeñó como asesor informal de su campaña presidencial.

La senadora no suele tomar posiciones impopulares. Por ejemplo, estuvo en contra de la Guerra de Irak y está a favor de tomar medidas para frenar el cambio climático, pero no está en contra del fracking.

Además de tener fama de jefa exigente -y según ciertos rumores, algo abusiva-, su principal carta en contra es que puede ahuyentar el voto latino que Biden tanto necesita. El conocido episodio que tuvo donde no pudo contestar el nombre del presidente de México le puede jugar muy en contra a la hora de atraer votantes de origen mexicano, que representan el 66% de los latinos en Estados Unidos. Esto impactaría en estados que Biden necesitaría ganar para llegar a la presidencia, tales como Arizona, Nevada, Florida o incluso Ohio.

A su vez, no es la candidata más popular entre los votantes jóvenes y de color, los cuales son la base del partido demócrata moderno. “Su problema son los demócratas no blancos, aunque otro problema son los jóvenes. Ella no ha estado ganando apoyo entre los votantes nacidos después de 1975 “, expresó David Wasserman, editor del Cook Political Report.

Stacey Abrams

Cuarenta y seis años, ex representante por el estado de Georgia, escritora de novelas románticas y solo 50.000 votos la separaron de ser gobernadora de aquel estado. Abrams es una de las opciones que más equilibrio aporta a la mesa. Su caso es similar al de Obama-Biden de 2008. Representa al partido demócrata moderno, se llama a sí misma pragmática, no tiene miedo de abrazar el progresismo y ha coqueteado con presentarse para todos los cargos públicos en juego en las elecciones de este año.

Sus principales puntos a favor son la frescura, el carisma y la juventud que le aportaría a la boleta. Abrams es muy popular entre votantes jóvenes, de color, de centro izquierda y, más importante, mujeres (un voto que probablemente se le haga cuesta arriba a Biden por las reiteradas denuncias de acoso sexual en su contra).

Otro dato que también juega a su favor es su estado de procedencia. Si bien Georgia no se pinta de azul desde 1992, Joe Biden ha demostrado ser muy popular en el sur, principalmente con los votantes de color, que representan más del 30% de los habitantes del estado. Si a esa afinidad por Biden le sumamos a Abrams, podrían llegar a ser un dolor de cabeza para el presidente Trump, en un estado que cuenta con la cuantiosa cifra de 16 electores. Abrams tiene muy buenos índices de aprobación allí. Según una encuesta realizada en 2019 por la Atlanta Journal-Constitution (AJC), goza de la simpatía del 51,9 de los votantes. Este número incluye alrededor del 60% del voto femenino, dos tercios de los moderados y el 90% de los votantes negros.

Quizás una de sus mayores virtudes puede ser su mayor debilidad: su juventud y falta de experiencia en cualquier cargo federal potencialmente la invitan a convertirse en un Dan Quayle demócrata. Prácticamente no ha estado ni cerca de Washington DC. Fue parte de la cámara baja de su estado por diez años, pero su mejor carta de presentación podría decir “casi gobernadora de Georgia”.

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Stacey Abrams en un acto de campaña en 2018. Fuente: AP news

El pez por la boca muere, dicen algunos. El hecho de que haya cambiado de parecer sobre las denuncias de acoso sexual presentadas por mujeres es una de sus más grandes controversias. “Creo que las mujeres y las sobrevivientes de la violencia siempre merecen ser apoyadas y que se escuche su voz”, afirmaba Abrams en 2018, refiriéndose al caso de Brett Kavanaugh. Como abanderada del movimiento Me Too, se esperaba que apoyase también a las mujeres que han denunciado a Biden por acoso sexual.

Para sorpresa de muchos, “Yo creo en Joe Biden”, fue lo que salió de la boca de Abrams el pasado 29 de abril en una entrevista con CNN. “Creo que las mujeres merecen ser escuchadas y creo que necesitan ser escuchadas, pero también creo que esas acusaciones tienen que ser investigadas por fuentes creíbles. El New York Times hizo una investigación profunda y descubrieron que la acusación no era creíble. Creo en Joe Biden”, dijo Abrams en la misma entrevista en relación a la denuncia de Tara Reade en contra del ex vicepresidente.

Elizabeth Warren

Ex candidata a la nominación demócrata para la presidencia, escritora, profesora de Derecho en la Universidad de Harvard y siete años sirviendo en el Senado por el estado de Massachusetts. Con ese curriculum se afianza Warren en el casting para la Vicepresidencia. Abanderada del progresismo norteamericano, se destacó en las primarias por desarrollar planes detallados para cada una de las problemáticas, lo que llevó a la viralización del meme “Warren tiene un plan para eso”.

A favor del Medicare para todos, promueve una gran inversión en educación que se basa, principalmente, en expandir los préstamos estudiantiles y dejar sin efecto hasta 50.000 dólares de esos mismos préstamos a miles de estadounidenses, dependiendo de su ingreso. Orgullosa de su ascendencia indígena, lo que le valió el apodo de Pocahontas, por el presidente Trump.

Es prácticamente un imán para el voto progresista norteamericano, dado que, en términos ideológicos es la candidata más cercana al senador Bernie Sanders. Esto significa que aportaría equilibrio ideológico a la fórmula. Según una encuesta realizada por CBSN, es la opción predilecta de los votantes demócratas ya registrados, un 36% de estos votantes la prefieren para acompañar a Biden.

La imagen positiva de Warren sube a la par del grado de educación de los votantes. Entre los demócratas es la favorita de los votantes blancos con título universitario, la segunda candidata con mejor imagen positiva entre los graduados universitarios, y presume de ser la favorita entre las personas con educación superior.

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Elizabeth Warren dialoga con Joe Biden en uno de los debates demócratas. Fuente: Boston Gerarld

Si bien expresamos con firmeza que era una especie de imán para el voto progresista en general, podríamos decir que es una “espanta-moderados”. Las elecciones generales se tratan de seducir a nuevos votantes, de atraer más gente a tu equipo, gente que antes no estaba allí. De ser Warren la elegida por Biden, estaría sacrificando mucho voto centrista e independiente, voto que necesita más que sus característicos lentes y su sonrisa ganadora si piensa vencer a Trump. Para muchos de estos votantes la imagen de la senadora en la boleta resultaría muy poco (o nada) atractiva. Por supuesto que dentro de estos posibles votantes espantados se encuentran republicanos moderados.

Al representar al estado de Massachusetts, no ofrece ninguna ventaja regional, ya que este estado no se tiñe de rojo desde el presidente Ronald Reagan. Además, sus 70 años no ofrecerían mucho equilibrio generacional a la fórmula.

Kamala Harris

Varios comentaristas políticos de Estados Unidos la han descrito como “la mejor opción para la Vicepresidencia”. Con cincuenta y cinco años y orígenes indios, Harris se desempeñó siete años como Fiscal General del distrito 27 de San Francisco, seis años como Fiscal General de California y desde 2017 ocupa una banca del Senado representando a este último estado.

Abandonó la carrera por la nominación demócrata para la presidencia el 3 de diciembre de 2019, luego de que su (forzada) apariencia de fiscal progresista no diera resultado. Se muestra a favor de legalizar la marihuana, recortar el gasto en defensa, leyes migratorias más flexibles, aumentar el salario mínimo a quince dólares la hora y a favor de ampliar los beneficios fiscales para hogares de clase media y de bajos ingresos.

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Kamala Harris habla en un acto de campaña a favor de Joe Biden. Fuente: Vox

Harris podría aportar un interesante equilibrio a la fórmula. Su experiencia como fiscal y senadora, su postura de centro izquierda, su popularidad entre los votantes (especialmente mujeres) de color y su origen asiático-americano contrastan muy bien con el presunto nominado demócrata. De hecho, Harris fue la primera mujer afroamericana en convertirse en Fiscal General de California e incluso la primera persona afroamericana en representar a este estado en el Senado.

Se muestra muy fuerte en los debates, como lo demostró en las primarias. Si no pregúntenle a Joe Biden quién era “esa pequeña niña”. Podría hacerlo muy bien en el debate con el vicepresidente Pence. Con su gran oratoria puede ponerse fácilmente en la piel de defensora de las minorías, no solo con los votantes de color, sino inmigrantes y minorías religiosas, especialmente aquellos que se encuentran decepcionados por la presencia de otro hombre blanco en la Casa Blanca. Por eso es que puede ser un gran contrapeso para Biden, quien ya goza de una gran popularidad entre los votantes de color, pero no así de algunos inmigrantes, todavía molestos con las deportaciones del presidente Obama. Harris podría convertirse en la Biden (2008) de Biden (2020).

Durante su campaña presidencial no terminó de mostrarse tal cual es, no parecía muy auténtica. Si bien ahora puede hacerlo a través de Biden, su táctica de mostrarse como una fiscal progresista convenció a pocos. Es popular entre los votantes de color, aunque no todos la ven con buenos ojos, algunos por su pasado como fiscal y otros por su campaña presidencial. “Los candidatos negros cometen un error principal: suponen que van a tener el voto negro solo porque son negros”, expresaba Johnnie Cordero en 2019, presidente del Caucus Negro Democrático de Carolina del Sur. Cordero sugirió, además, que Harris no se dedicó a sumar apoyo entre los votantes de color porque ya lo daba por asegurado.

Según Lara Bazelon, directora de las clínicas de justicia penal y racial en la Universidad de San Francisco, “cuando el Caucus Negro Legislativo le pidió a Harris que respaldara proyectos de ley que habrían ordenado que todos los policías usaran cámaras con el cuerpo puesto y que la oficina del Fiscal General investigara los tiroteos letales involucrados por oficiales, ella se negó. Incluso apoyó un sistema que encierra a las personas que son demasiado pobres para pagar una fianza de dinero exorbitante. Estas políticas fueron parte integrante de un sistema de encarcelamiento masivo que ha dañado profundamente a las personas pobres y a las comunidades de color”.

Por otro lado, tampoco ofrece ninguna ventaja regional, ya que California lleva más de 30 años siendo demócrata en las presidenciales.

Tammy Duckworth

Es posible que estemos ante la presencia de una de las candidatas más novedosas entre el abanico de posibilidades que maneja Joe Biden. Veterana de la Guerra de Irak, fue miembro de la Cámara de Representantes por el estado de Illinois por cuatro años, lleva tres como senadora por el mismo estado y fue subsecretaria durante el mandato de Barack Obama.

Su principal carta a favor es que prácticamente no tiene ninguna en contra. Hemos mencionado que participó en Irak, lo que no hemos dicho es qué allí perdió sus dos piernas y parte de la movilidad de su brazo derecho. Como veterana y madre, puede empatizar muy bien con el voto femenino en general, ya que se muestra como una figura fuerte, trabajadora y que pudo salir adelante a pesar de su discapacidad física.

Su padre también se alistó en el ejército y participó en la Segunda Guerra Mundial, lo que inmediatamente le abre la puerta al voto veterano en general, sumando su propia experiencia en Medio Oriente. Por si esto fuera a poco a la hora de empatizar, es la primera senadora en la historia de Estados Unidos en amamantar a su bebe durante una votación y en emitir un voto con un bebe en brazos. No sé qué más se puede pedir.

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Tammy Duckworth en la Convención Nacional Demócrata de 2016. Fuente: Vox

Si bien le amputaron la pierna izquierda por debajo de la cadera y la derecha por debajo de la rodilla, nunca perdió el sentido del humor. En una entrevista comentó qué fue lo primero que dijo luego de despertar tras la operación y ver a su esposo junto a la cama. “Dije tres cosas cuando desperté en Walter Reed: ‘Te amo, ponme a trabajar y ¡Apestas! ¡Bañate!”, recordaba.

Duckworth fue la primera mujer nacida en Tailandia y la primera mujer con discapacidad física en ser elegida para el Congreso. No abraza tan fuerte al progresismo, aunque tampoco llega a la moderación, por lo que no haría dudar a la base del partido. Según Morning Consult, su índice de aprobación como senadora es del 42%, contra el 32% que la desaprueba. Además, la senadora refleja bien el ánimo bipartidista, ya que desde el 15 de abril trabaja junto a la administración Trump en un grupo enfocado en la reapertura de la economía durante el Covid-19.

Representa al estado de Illinois, tradicionalmente azul con sus 20 electores, por lo que no ofrece ninguna ventaja en ese aspecto.

Catherine Cortez Masto

De ascendencia latina, la actual senadora por el estado de Nevada es un caso muy particular, dado que se desconoce si estaría dispuesta a aceptar el cargo. Según algunos rumores, Biden le dijo en persona a uno de sus ex colegas en el Senado, Harry Reid, que Cortez Masto está entre sus tres opciones principales para hacerle compañía el 3 de noviembre. La senadora tiene una gran ventaja sobre las demás: tiene ascendencia latina. Su abuelo paterno, Edward Cortez, nació en México y emigró a Estados Unidos cuando era joven. Se hizo con la ciudadanía estadounidense en 1940, antes de servir en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial.

Puede presumir de ser la primera latina en servir en la cámara alta de los Estados Unidos. Esto resulta fundamental y podría ser un suero de tranquilidad para Biden a la hora apelar al voto latino. Según una encuesta realizada por Latino Decisions el pasado mes de abril, el ex vicepresidente está bajando su popularidad e intención de voto entre los latinos. Esto confirmaría la tendencia que se observó en las primarias: Biden no cuenta con un fuerte apoyo latino, como si lo hizo su amigo el Presidente Obama. La encuesta indicó que el 59% lo apoyaba o se inclinaba hacia él, en comparación con el 67% de febrero. La misma encuesta revela que, en caso de elegir a Cortez Masto como compañera de fórmula, su intención de voto escalaría hasta el 72%. Es precisamente el voto latino el que puede impulsar a Biden a ganar estados como Florida y Arizona. Entre los dos suman 40 electores y ambos se colorearon de rojo en 2016.

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Joe Biden con Catherine Cortez en 2018

Hay que tener muy en cuenta también la relación personal que la senadora mantenía con Beau Biden, hijo de Joe, que falleció en 2015. “Mi hijo tenía muy buen juicio. Y mi hijo realmente, realmente, realmente admiraba a Catherine. Él habló sobre ella. Trabajó con ella. Están cortados de la misma tela. Ella es latina. Beau sufre de ser un católico irlandés, como yo. Pero tienen el mismo valor establecido. Así es como conocí a Catherine “, manifestó Biden sobre la relación.

Si bien se desempeñó como fiscal general de Nevada por siete años, el 2020 es solo su tercer año en Washington DC, lo que no la hace la candidata más experimentada en el gobierno federal. Tampoco es la demócrata más conocida: según la misma encuesta de Latino Decisions, más de un tercio de los encuestados no la conocía, aunque eso se solucionaría desde el momento en el que Joe Biden pronuncie su nombre públicamente.

Por mucho que el ex vicepresidente intente disimular sus 77 años con su atractivo bronceado, en caso de ser electo presidente en noviembre, finalizaría su primer mandato con 82 años. Esta situación hace que muchos consideren que no va a buscar la reelección. Lo que significa que la entonces vicepresidenta será la primera opción para buscar la nominación demócrata y, por qué no, la primera opción para suceder al ex vicepresidente en la Casa Blanca. Por lo tanto, Biden podría estar eligiendo, aunque no explícitamente, a la primera inquilina de la calle Pennsylvania al 1600.

*El autor es estudiante de Periodismo en la Universidad Católica Argentina (UCA)

Fuente de la foto principal: Taiwan News

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