El día que prendieron la luz: 40 años de la visita de la CIDH a la Argentina

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Por Antonella Bormapé |

 

Corría el 7 de septiembre del año 1979 cuando el seleccionado juvenil, liderado por Diego Armando Maradona, aterrizaba en Argentina después de ganarle 3-1 a la Unión Soviética y consagrarse, de manera indiscutible, como campeón del primer Mundial de la categoría Sub 20.

Sin embargo, a pesar de que la dictadura presidida por Jorge Rafael Videla ya había gozado unos meses antes del poder del fútbol gracias al Mundial `78, ese 7 de septiembre también llegaba a la Argentina una bomba lista para estallar: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El telón que ocultaba el horror comenzaba a descorrerse en tiempos donde Estados Unidos buscaba revertir su imagen internacional como impulsor de las sangrientas dictaduras en Latinoamérica, y las Madres de Plaza de Mayo comenzaban sus primeras rondas frente a la Casa Rosada.

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“Los argentinos somos derechos y humanos”  

Con Jimmy Carter (presidente de EE.UU desde 1977) por un lado, pretendiendo impulsar por distintos medios que la CIDH visitara la argentina ya que las denuncias de familiares desaparecidos comenzaban a tener repercusión, y con la junta militar por el otro, queriendo desmentir las denuncias de secuestros y torturas ilegales que aseguraban que en Argentina funcionaban centros clandestinos de detención, nace el slogan de campaña que pasaría a la historia, ideado por el gobierno de facto para recibir a la CIDH y usado como estrategia publicitaria: “Los argentinos somos derechos y humanos”. 

Con presiones cada vez más fuertes, el gobierno se resistía a la visita de la CIDH porque la consideraba parte de la campaña antiargentina del marxismo internacional, logrando que la frase se haga eco en la vía pública, en los grandes medios de comunicación masivos, se repita en radio y televisión, y que no pocos automovilistas lleven el sticker en sus autos. Sin embargo, la fuerte complicidad civil y eclesiástica no evitó que centenares de personas fueran aquel viernes a entregar denuncias por sus familiares desaparecidos o detenidos en prisiones ilegales, formando colas interminables que, para los que luchaban contra la barbarie, fueron un hito fundamental para cambiar la historia.

“Por favor, hagan algo”, suplicaban madres, padres y otros familiares de desaparecidos argentinos en cartas que enviaban a la Comisión Interamericana, que entre el 6 y el 20 de septiembre de 1979, no solo escuchó a las víctimas y registró 5580 denuncias de secuestros y desapariciones,  además de otras 3000 aportadas por organismos de DD.HH, sino que, además, recorrió a través de sus comisionados distintos puntos para ver que estaba pasando. Entre cárceles de Trelew, La Plata, Córdoba y Tucumán, una parada obligatoria en Buenos Aires: la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

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Desaparecer a los desaparecidos

Junto con la campaña que apuntaba a desprestigiar a la Comisión, la Junta Militar se encargó de maquillar a la ESMA realizando distintas modificaciones edilicias para que el lugar no coincidiera con el descripto en las denuncias.

Por su parte, La Marina se ocupó de trasladar a los allí detenidos a la isla en el Delta llamada “El Silencio”, cuyo nombre, como casi una metáfora de la crueldad, se debe a que se trataba de un lugar de retiro espiritual cedido nada más y nada menos por el Arzobispado de Buenos Aires.

A pesar de que La CIDH encontró el Casino de Oficiales sin prisioneros y completamente modificado, disfrazar la arquitectura del edificio no bastó para que la junta militar quedara en evidencia. En su informe de 1980 la CIDH denunció: “La comisión ha llegado a la conclusión de que, por acción u omisión de las autoridades públicas y sus agentes, en la República Argentina se cometieron numerosas y graves violaciones de fundamentales Derechos Humanos”. Ante un frustrado intento de tapar el sol con la mano, la historia argentina y la del mundo entero en torno a la lucha contra la violación de los Derechos Humanos cambiaba para siempre.

El Informe Final no solo dio cuenta por primera vez de la existencia de un plan represivo y sistemático llevado a cabo por el gobierno militar, sino que también permitió establecer la figura del “Desaparecido” y crear una tipificación en el derecho internacional para los crímenes de Lesa Humanidad fuera del Código Penal Ordinario.

Los militares, quienes objetaron la autoridad del organismo para evaluar y cuestionar las leyes y decretos del Gobierno argentino “en su lucha antiterrorista”, rechazaron estas afirmaciones con similares argumentos a los que había tenido la Iglesia Católica, que sostuvo que “no tenía por qué una comisión extranjera venir a tomar exámen”.

La Junta militar intentó por todos los medios que el informe de la CIDH fuera rechazado por la Asamblea de la OEA y finalmente la declaración oficial del organismo no hizo mención alguna al caso de Argentina. No obstante, la dictadura no logró frenar el impacto que su divulgación produjo en el mundo entero, y a pesar del silencio cómplice de la Organización, las denuncias sobre desapariciones forzadas, tortura y muerte crecieron y comenzaron a ganar repercusión pública internacional.

Cuatro años después, Raúl Alfonsín –fundador y directivo de la APDH-, quien en su momento había sido visitado por la CIDH y habló de una Argentina empujada al colapso ético por partidarios de la violencia de un signo y del otro, era electo presidente. El informe que la dictadura había prohibido, acabó por ser un aporte esencial a la extraordinaria labor llevada a cabo por la CONADEP en 1984, cuyo trabajo a su vez, sería luego de invaluable relevancia para el desarrollo del Juicio a las Juntas en 1985.  

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40 años después…

A partir de su labor de monitoreo, que realiza en el ejercicio de las facultades consagradas en el artículo 41 de la Convención Americana, la CIDH ha impactado a lo largo de todos estos años en los procesos de transición democrática en la región, en la preservación de la memoria, en la búsqueda de la verdad y en el acceso a la justicia de víctimas de las dictaduras.

Después de 40 años de haber marcado el rumbo definitivo en la recuperación de la democracia, la CIDH volvió a Argentina este 7 de septiembre, no para ver la situación de presos y torturados políticos, sino para la inauguración de la muestra “El ocultamiento de la ESMA: la verdad se hace pública” en el museo del Espacio Memoria y Derechos Humanos. “A partir de testimonios inéditos, la exhibición de objetos y la presentación de documentos, se podrá conocer en detalle el período en el que Grupo de tareas de la ESMA realizó todo tipo de estrategias para ocultar, ante la inminente llegada de la CIDH, cualquier indicio de actividad represiva dentro del lugar”, detallan desde la organización.

La visita fue protocolar, es decir que en este caso no hubo monitoreo de la situación de los derechos humanos en el territorio nacional. Sin embargo, desde que Cambiemos gobierna, la CIDH adviritó en varias ocasiones sobre la situación de los derechos humanos en Argentina. Los comisionados aprovecharon la tarde del viernes para reunirse con el presidente, Mauricio Macri.

En la actualidad, la realidad del continente americano sigue siendo desafiante con extremas desigualdades sociales, problemas serios de acceso a la justicia, discriminación a las mujeres, indígenas, afrodescendientes y un buen número de la población de los colectivos LGTBI. El respeto de los derechos humanos debe ser integral, siendo la memoria un factor fundamental para conocer la historia y unirnos en los valores republicanos que compartimos, que junto con los postulados de verdad y justicia, deben seguir levantándose para que perduren como políticas de Estado. 

 

“Siempre cuenta tu historia”: el documental a 40 años de la misión de CIDH en Argentina.

 

 

 

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